miércoles, agosto 26, 2020

Leyendo a Scorsese: ¿la era de las películas correctas?

 “Como todos sabemos, en los últimos veinte años la industria del cine ha cambiado en todos sus frentes. Sin embargo, el cambio más siniestro ha sucedido de manera sigilosa y en la oscuridad de la noche: la eliminación gradual pero constante del riesgo. Muchas películas actuales son productos perfectos fabricados para el consumo inmediato. Muchas de ellas están realizadas por equipos de personas talentosas. Aun así, les falta algo esencial: la visión unificadora de un artista individual. Por supuesto, un artista individual es el factor más riesgoso de todos.” Martin Scorsese: “A qué me refiero con que las películas de Marvel no son cine”, comentario publicado en The New York Times el 11 de noviembre de 2019 


Scorsese habló y la polémica estalló. Las redes sociales ardieron, según reza el tópico. Tanto jaleo se montó que aficionados y profesionales se sintieron obligados a decir algo, a favor o en contra de lo que había dicho Scorsese. El propio director se sintió en la necesidad de aclarar lo que había querido decir con una columna de las que salen las palabras que anteceden estas líneas, en el The New York Times. La palabra escrita, más reposada y atenta, efectivamente ilumina y abre la reflexión sobre el tipo de cine que está por venir. Un debate mucho más sugerente y serio que el que se movía por el titular “Las películas de Marvel no son cine”.

En su columna, Scorsese esboza la evolución en la producción de películas y advierte, alarmado, que hay un tipo de películas que lo tienen más difícil para alcanzar la exhibición en salas. Esas películas son las autorales, que no son necesariamente cine de vocación minoritaria, sino las películas marcadas por la personalidad de su creador, un artista que quiere expresar algo y establecer una determinada visión de lo que cuenta. Normalmente ese creador suele ser el director, pero no siempre tiene que ser así. Hay proyectos que responden al interés de una actriz o de un actor por un determinado personaje, otros que son totalmente movidos por un productor y otros en los que la personalidad del guionista se sitúa por encima de los demás y es la predominante. 


Lo que está en riesgo, según Scorsese, son las películas personales, esas en las que, independientemente de las tramas o historias que cuenten, las principales decisiones creativas las toma un autor movido por razones artísticas y no un grupo de personas atentas a motivaciones financieras. Para Scorsese en eso radica la diferencia entre el cine realizado como expresión artística y las películas como entretenimiento, entre las que estarían las de Marvel. 

Revisando en IMDb o cualquier página web similar se aprecia de una manera práctica lo que afirma el director de The Irishman. En los créditos de las películas hay cada vez más personas identificadas como productores. Productores de distintos tipos, asociados, ejecutivos, asistentes, productores a secas. En una película como Lawrence de Arabia cuenta con dos productores, en Black Panther aparecen acreditados nueve. Y esto no es exclusivo de Marvel, la primera película de Star Wars, junto al director y creador George Lucas, tiene dos productores adicionales. En el episodio nueve de la saga galáctica, ese muy flojo Ascenso de Skywalker, hay siete, entres los que se incluye el director, J. J. Abrams. Cada vez más, las principales decisiones para hacer una película se toman por comité.

La miríada de productores que pulula por oficinas y sets de rodaje se encargan de vigilar que estas películas de alto presupuesto y mucho merchandising asociado sean rentables. Y lo hacen con análisis estadísticos y demográficos, pruebas de pantalla, proyecciones limitadas, trabajo con grupos focales, seguimiento de tendencias en redes sociales ,etc. Los resultados de su trabajo determinan cambios en el guion, inclusión o eliminación de subtramas, chistes o personajes para llegar a segmentos específicos, re-rodaje de escenas, cambios que, en definitiva, alteran la historia, los personajes y los mensajes de la película. 


Y, que conste, no es todo negativo en esta forma de trabajar. En algunos casos, arregla errores, reduce las posibilidades de grandes descalabros financieros y logra producir muchas películas que están bien o que son suficientemente buenas; no extraordinarias, pero que no defraudan. Entretenidas, correctas, impersonales y efímeras. Productos con impresionantes logros técnicos, que a nadie ofenden, pero que no transmiten una visión singular (y, por tanto, que no son arte). 

En ese contexto en el que la gran parte de las salas de los cines proyectan franquicias, cuando irrumpe una película de un autor individual reconocible, destacan mucho, como rarezas que atraen a los aficionados al cine con una voz especial y que se queda con el espectador. Y es que, gusten o no, no es fácil olvidar una cinta de Winding Refn o de Lanthimos.   

¿Cómo se puede sobrevivir en ese ambiente profesional? Algunos cineastas están buscando repuestas para seguir sacando películas que no estén ahogadas por las exigencias/sugerencias de los productores. Steven Spielberg y Clint Eastwood han renunciado a grandes presupuestos y se han movido a películas de tipo medio que dan prestigio a los estudios y no suponen un riesgo para las cuentas de resultados. Muchos jóvenes directores se han movido a géneros baratos, por ejemplo el terror, que se rentabilizan con facilidad y a productoras como Blumhouse o A24 en las que las presiones no parecen abrumadoras. Mientras las películas de acción o de aventuras casi han desaparecido, el cine de terror se ha convertido en un refugio para el renacido Shyamalan y para tipos como Ari Aster, Robert Eggers, etc. a los que se hace muy difícil encajar en sistema de producción de Disney, Warner y similares.  


Cuando leemos a Scorsese, al igual que cuando vemos sus películas, es imposible no encontrar una voz personal, la de un autor que interpreta el mundo de una manera, como no puede ser de otro modo, personal, individual, singular. Y eso parece que a algunos les ofende. Y que sus palabras ofendan demuestra que, en realidad, Scorsese tiene razón y, a pesar de los malentendidos con sus declaraciones, vivimos en un tiempo de muchas películas entretenidas, correctas, pero cada vez menos películas singulares. ¿Ese es el futuro o aún hay espacio para las películas personales, de autor? Esa es la cuestión


Publicado en Cronocine el 4 de junio de 2020, con el mismo título (Aquí el enlace: https://www.cronocine.com/featured/leyendo-a-scorsese-la-era-de-las-peliculas-correctas/)


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