jueves, agosto 27, 2020

Telegrama Urgente: Tenet (Sin destripes)

Christopher Nolan merece un trato especial, por lo que con su nueva película, Tenet (2020), llega el Telegramargeddon.

Pinza temporal alrededor de Tenet en el que los agentes Clara @ANiffler, Javi @Javi_niffler, Lucía @LuciaVSS, Mai @mai_rollan, Leo Galleguilos @simplectomorfo y @Gentleman_Yo dan vueltas, van y vienen en formato IMAX.

Volvemos a los cines, pero con prudencia, mascarilla y distancia de seguridad. Vuelven los telegramas.

Agradecimientos especiales al Sr. Voz (@Angelus_Oriol)

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miércoles, agosto 26, 2020

Leyendo a Scorsese: ¿la era de las películas correctas?

 “Como todos sabemos, en los últimos veinte años la industria del cine ha cambiado en todos sus frentes. Sin embargo, el cambio más siniestro ha sucedido de manera sigilosa y en la oscuridad de la noche: la eliminación gradual pero constante del riesgo. Muchas películas actuales son productos perfectos fabricados para el consumo inmediato. Muchas de ellas están realizadas por equipos de personas talentosas. Aun así, les falta algo esencial: la visión unificadora de un artista individual. Por supuesto, un artista individual es el factor más riesgoso de todos.” Martin Scorsese: “A qué me refiero con que las películas de Marvel no son cine”, comentario publicado en The New York Times el 11 de noviembre de 2019 


Scorsese habló y la polémica estalló. Las redes sociales ardieron, según reza el tópico. Tanto jaleo se montó que aficionados y profesionales se sintieron obligados a decir algo, a favor o en contra de lo que había dicho Scorsese. El propio director se sintió en la necesidad de aclarar lo que había querido decir con una columna de las que salen las palabras que anteceden estas líneas, en el The New York Times. La palabra escrita, más reposada y atenta, efectivamente ilumina y abre la reflexión sobre el tipo de cine que está por venir. Un debate mucho más sugerente y serio que el que se movía por el titular “Las películas de Marvel no son cine”.

En su columna, Scorsese esboza la evolución en la producción de películas y advierte, alarmado, que hay un tipo de películas que lo tienen más difícil para alcanzar la exhibición en salas. Esas películas son las autorales, que no son necesariamente cine de vocación minoritaria, sino las películas marcadas por la personalidad de su creador, un artista que quiere expresar algo y establecer una determinada visión de lo que cuenta. Normalmente ese creador suele ser el director, pero no siempre tiene que ser así. Hay proyectos que responden al interés de una actriz o de un actor por un determinado personaje, otros que son totalmente movidos por un productor y otros en los que la personalidad del guionista se sitúa por encima de los demás y es la predominante. 


Lo que está en riesgo, según Scorsese, son las películas personales, esas en las que, independientemente de las tramas o historias que cuenten, las principales decisiones creativas las toma un autor movido por razones artísticas y no un grupo de personas atentas a motivaciones financieras. Para Scorsese en eso radica la diferencia entre el cine realizado como expresión artística y las películas como entretenimiento, entre las que estarían las de Marvel. 

Revisando en IMDb o cualquier página web similar se aprecia de una manera práctica lo que afirma el director de The Irishman. En los créditos de las películas hay cada vez más personas identificadas como productores. Productores de distintos tipos, asociados, ejecutivos, asistentes, productores a secas. En una película como Lawrence de Arabia cuenta con dos productores, en Black Panther aparecen acreditados nueve. Y esto no es exclusivo de Marvel, la primera película de Star Wars, junto al director y creador George Lucas, tiene dos productores adicionales. En el episodio nueve de la saga galáctica, ese muy flojo Ascenso de Skywalker, hay siete, entres los que se incluye el director, J. J. Abrams. Cada vez más, las principales decisiones para hacer una película se toman por comité.

La miríada de productores que pulula por oficinas y sets de rodaje se encargan de vigilar que estas películas de alto presupuesto y mucho merchandising asociado sean rentables. Y lo hacen con análisis estadísticos y demográficos, pruebas de pantalla, proyecciones limitadas, trabajo con grupos focales, seguimiento de tendencias en redes sociales ,etc. Los resultados de su trabajo determinan cambios en el guion, inclusión o eliminación de subtramas, chistes o personajes para llegar a segmentos específicos, re-rodaje de escenas, cambios que, en definitiva, alteran la historia, los personajes y los mensajes de la película. 


Y, que conste, no es todo negativo en esta forma de trabajar. En algunos casos, arregla errores, reduce las posibilidades de grandes descalabros financieros y logra producir muchas películas que están bien o que son suficientemente buenas; no extraordinarias, pero que no defraudan. Entretenidas, correctas, impersonales y efímeras. Productos con impresionantes logros técnicos, que a nadie ofenden, pero que no transmiten una visión singular (y, por tanto, que no son arte). 

En ese contexto en el que la gran parte de las salas de los cines proyectan franquicias, cuando irrumpe una película de un autor individual reconocible, destacan mucho, como rarezas que atraen a los aficionados al cine con una voz especial y que se queda con el espectador. Y es que, gusten o no, no es fácil olvidar una cinta de Winding Refn o de Lanthimos.   

¿Cómo se puede sobrevivir en ese ambiente profesional? Algunos cineastas están buscando repuestas para seguir sacando películas que no estén ahogadas por las exigencias/sugerencias de los productores. Steven Spielberg y Clint Eastwood han renunciado a grandes presupuestos y se han movido a películas de tipo medio que dan prestigio a los estudios y no suponen un riesgo para las cuentas de resultados. Muchos jóvenes directores se han movido a géneros baratos, por ejemplo el terror, que se rentabilizan con facilidad y a productoras como Blumhouse o A24 en las que las presiones no parecen abrumadoras. Mientras las películas de acción o de aventuras casi han desaparecido, el cine de terror se ha convertido en un refugio para el renacido Shyamalan y para tipos como Ari Aster, Robert Eggers, etc. a los que se hace muy difícil encajar en sistema de producción de Disney, Warner y similares.  


Cuando leemos a Scorsese, al igual que cuando vemos sus películas, es imposible no encontrar una voz personal, la de un autor que interpreta el mundo de una manera, como no puede ser de otro modo, personal, individual, singular. Y eso parece que a algunos les ofende. Y que sus palabras ofendan demuestra que, en realidad, Scorsese tiene razón y, a pesar de los malentendidos con sus declaraciones, vivimos en un tiempo de muchas películas entretenidas, correctas, pero cada vez menos películas singulares. ¿Ese es el futuro o aún hay espacio para las películas personales, de autor? Esa es la cuestión


Publicado en Cronocine el 4 de junio de 2020, con el mismo título (Aquí el enlace: https://www.cronocine.com/featured/leyendo-a-scorsese-la-era-de-las-peliculas-correctas/)


martes, agosto 25, 2020

Monsergas recomendadas (25/08/2020)


Como me ha pasado un tiempo desde la primera entrega de estas recomendaciones hay bastante que leer. En las lecturas recomendadas de hoy destacan las entrevistas. Echadles un ojo, que dan juego. 

  • Casi hilada a la entrevista de Ovejero, este texto de Aurora Nacarino-Brabo en Letras Libres, en el que habla de "Cierta izquierda" (13/08/2020). El problema es que la izquierda de Ovejero y Nacarino-Brabo no es la políticamente existente. 
  • Otra entrevista, esta vez a Andrés Trapiello, de nuevo en El Liberal.cat. El escritor está por la tercera España, pero ¿le puede el deseo o de verdad es una opción?: «La tercera España es más necesaria que nunca» (12/08/2020)
  • Algo de nostalgia por persona interpuesta. Jorge San Miguel y los límites. Siempre los hay. Siempre los descubrimos cuando nos tropezamos con ellos, aunque estuviésemos advertidos. "El racionalismo en política" (11/08/2020) en The Objective
  • La columna de Max Boot para The Washington Post del pasado 12/08/2020, titulada "Republicans are becoming the QAnon Party". Sin estar del todo de acuerdo con él, si lo estoy con la tesis principal: el partido Republicano, actualmente, está cautivo, bajo delirios, alucinaciones y conspiranoias. Ahora, que el Partido Demócrata tenga bajo control a sus propios sectores radicales está por ver. La herencia de Sanders y Warren tenderá a sentirse cada vez más en los próximos años con la irrupción de más perfiles a lo Alexandria Ocasio-Cortez. Curiosamente, no parece haber herederos de Obama. Supongo que llegarán. Espero. Deseo.

Con esta tanda de Monsergas recomendadas a vuestra disposición, creo que en el futuro habrá que dar espacio también a algunas pamplinas seleccionadas. Intentaré ir alternando pamplinas y monsergas y que no pase mucho tiempo entre unas y otras. 

La ruta del rey emérito hacia los Emiratos Árabes y las interrogantes de su caso

En el enlace se puede leer mi pequeño intento de aclaración de la situación actual del Rey Emérito, Juan Carlos I, publicado por El Diario de Venezuela el pasado 18 de agosto de 2020. 

Un viaje a ninguna parte de D. Juan Carlos, porque el que hizo mucho bien, se ha empeñado en emborronar su historia y en complicarle la vida a su hijo y a la institución monárquica.

La ruta del rey emérito hacia los Emiratos Árabes y las interrogantes de su caso


jueves, agosto 20, 2020

Biden vs Trump, una envejecida carrera a la Casa Blanca*

¿Se puede decir ya que las elecciones estadounidenses han empezado? En otra coyuntura, ya llevaríamos un año siguiendo las noticias y encuestas para las elecciones a la Casa Blanca, pero 2020 no está siendo cualquier año. Pero con las elecciones del 3 de noviembre cada vez más cerca y en la víspera de las convenciones nacionales de demócratas (en los días 17-20 en Milwaukee) y republicanos (Charlotte, 24-27) es el momento de atender a la contienda entre Biden y Trump. 

Las convenciones esta vez no van a ser eventos concurridos, como no puede ser de otro modo por el riesgo que supone el COVID, y deberán cumplir con el trámite de hacer oficiales las candidaturas de Biden y Trump y, a la vez, intentar atraer y movilizar a los ciudadanos en esta campaña electoral tan rara. 

Convenciones ¿para qué? 
Si ya se conocen los candidatos de republicanos y demócratas ¿cuál es el sentido de las respectivas convenciones? Es cierto que ni en Milwaukee ni en Charlotte todo llega decidido, pero eso no exime de la formalidad. Hay que confirmar oficialmente a los candidatos de los respectivos partidos. Cuando, como es el caso, no hay discusión, la convención es la representación de la unidad y funciona como un gran evento de campaña. Las convenciones han evolucionado con el tiempo y gracias a los avances en los medios de comunicación y transporte. Durante el siglo XIX, replicando la naturaleza federal de los Estados Unidos, las convenciones nacionales de los partidos sirvieron para vincular a los grandes jefes nacionales de cada partido con los intereses de los Estados y territorios. Los delegados que acudían por cada circunscripción ofrecían su apoyo al candidato que mejor atendiese a los intereses de locales y de las elites del propio partido. La convenciones del siglo XIX eran propicios para compromisos y acuerdos en habitaciones cerradas. 

El siglo XX fue haciendo más participativas y representativas las convenciones. Los delegados tenían menos espacio para negociar y cada vez estaban más atados a los resultados de las primarias de cada Estado (las primarias fueron consolidándose poco a poco durante el siglo XX). Aún así, las turbulencia social y política que Estados Unidos vivió en las décadas de 1960 y 1970 se sintió, por ejemplo, en la convención en la que los demócratas debatían entre Kennedy y Johnson en Los Ángeles en 1960 o en la republicana de Kansas City de 1976, en al que Reagan desafío al presidente Ford. La tensión entre las bases, más activas y comprometidas ideológicamente, y las elites de los partidos marcó esos años. 

Las convenciones competidas resultaban en un gran espectáculo televisivo, que podían impulsar a los candidatos dándoles acceso al salón de los votantes durante varias noches consecutivas, aunque también podían erosionar la posible confianza en un candidato que encontraba gran oposición incluso en su propias filas. 

Esa lección, que las divisiones se pagan caro en las urnas, introdujo la última transformación de las convenciones, que en el final del siglo XX y en lo que llevamos de siglo XXI se han convertido en espectáculos mediáticos para el consumo televisivo y de internet. En las pantallas hay que mostrar unidad y sonrisas, tras el largo ciclo de caucus, primarias y debates de los meses previos. Las convenciones son, en estos años, política show. Los delegados han perdido importancia y la han ganado los invitados. 



Los comités organizadores se dedican ahora a buscar rostros con los que los votantes se sientan más identificados. Así, al estrado de los grandes centros de convenciones han ido subiendo líderes sociales, activistas (que anticipan los temas de campaña), famosos (actores, cantantes, etc. que hacen donaciones de carisma a candidatos poco empáticos), cargos electos del partido (que ingresan a la política nacional con sus discursos en las convenciones y empiezan a construir reputaciones y famas que albergan futuras aspiraciones), las familias de los candidatos y por supuesto, los aspirantes a vicepresidente y presidente. La palabra clave es endorsement. O sea, apoyo. Muchas sonrisas y palmadas en la espalda. Coreografiadas poses y ensayados discursos. Se trata de sumar todo el impulso posible de tres días de máxima exposición televisiva y salir de la convención subiendo en las encuestas. 

Y es importante que todo esto, por superficial que parezca, salga bien. A John McCain el huracán Gustav le quitó minutos en los noticieros de 2008 y, con ellos, la última oportunidad de recortar la distancia con Obama. La campaña de Hillary Clinton salió malparada por el rechazo que los seguidores de Bernie Sanders y el ala izquierda de su partido le demostraron durante la convención nacional demócrata hace cuatro años. Los republicanos cada vez tienen más dificultades para encontrar celebridades y artistas que manifiesten su simpatía por sus causas. Aunque hace cuatro años encontraron su respuesta a ese problema: su candidato era el famoso, la celebridad salida de los realities de televisión. Y fue suficiente. 

2020: Trump contra todos 
El COVID manda y las dos convenciones nacionales van a tener que reinventarse. Si hasta ahora parte del mensaje de unidad se plasmaba en la multitud aplaudiendo al candidato, esta vez no habrá multitudes. Habrá discursos. Habrá rostros familiares o que se harán familiares en el futuro, pero más que nunca las convenciones van a ser virtuales. La respuesta en internet y redes sociales servirá para medir al electorado y su reacción a cada mensaje y frase. Por supuesto, es predecible el uso sistemático de bots para repetir y propagar apoyo y crítica. La perspectiva de eco y vacío no es del gusto del presidente Trump, que llegó a solicitar que, a pesar del COVID, se permitiese una afluencia masiva, opción rechazada por las autoridades locales, y también tanteó la posibilidad de no ir a Charlotte e intervenir vía teleconferencia, opción desestimada por el Comité Nacional Republicano que organiza el evento. Un ejemplo de promoción del teletrabajo, supongo. Como hace cuatro años, Trump llega por debajo en las encuestas. Hace cuatro años acabó ganado la presidencia. Puede volver a pasar. Porque a pesar de todo, parece que -casi- nada hace mella en él. Ha superado el juicio político al que se le sometió. Una Casa Blanca de funcionamiento disfuncional y errático que progresa a base de tuits y peleas, pero que tienen un gran enemigo: la pandemia global. 



La lenta reacción del presidente, minusvalorando su impacto, el rechazo al uso de mascarillas y a otras medidas de precaución pesan. Además, el COVID ha impactado en aquello que Trump exhibía más orgulloso: la economía y la creación de empleo. Sin crecimiento económico, Trump se ve en la necesidad de volver a ofrecer su producto favorito: su propia personalidad. Lejos de haberse moderado por el ejercicio de las responsabilidades de la presidencia sigue siendo fuego y furia. ¿Se han cansado los electores de las rabietas y peleas tuiteras de Trump? Quién sabe. Trump y Pence insistirán en el mensaje defensivo de que ellos, con mano dura, frenarán a los que quieren destruir Estados Unidos, que es una categoría en la que les caben inmigrantes, China, manifestantes, pacíficos y violentos, terroristas y, por supuesto, los demócratas, claro. También dirán que, cuando pase el COVID los republicanos son más capaces de liderar la recuperación y reestablecer el crecimiento otra vez. Además, habrá que ver si Trump vuelve a demostrar desconfianza en el voto electrónico, si insiste en la conveniencia de retrasar las votaciones y si estaría dispuesto a reconocer una eventual derrota. 

2020: Biden en su laberinto 
2020 empezaba con los demócratas llenos de dudas. El impeachment que habían promovido en el Congreso les perjudicaba y sólo servía para mantener movilizados y activos a los seguidores de Trump. No tenían un candidato claro y Bernie Sanders, que acababa de sufrir un infarto, no parecía dispuesto a reconocer su posible derrota. Como si no hubiesen aprendido nada de hace cuatro años. 

Pero los meses han pasado y la coyuntura parece haberse alineado para darles ventaja, aún con las dudas. Joe Biden es el candidato menos malo que han encontrado que puede contentar, de momento, a la izquierda y el centro del partido. Su buena labor como vicepresidente con Obama compensa su probada habilidad para hacer declaraciones fuera de lugar cuando tiene un micrófono ante sí. 



Su elección para vicepresidente ha sido Kamala Harris, hija de inmigrantes, mujer, afro y senadora por California. En medio de las tensiones raciales tras la muerte de George Floyd y las protestas subsiguientes su figura es un gesto para convocar a todas los grupos demográficos posibles a sentirse integrados en su campaña. Si Harris logra ser ese imán que los demócratas esperan, es posible que ya tengan candidata para la presidencia en cuatro años. Pase lo que pase este noviembre. 

La presidencia de Estados Unidos se va a decidir en poco tiempo, por lo que los debates electorales parecen más importantes que nunca. La elección está entre dos hombres blancos de más de setenta años. Los candidatos a vicepresidente nunca parecieron tan importantes.

*Publicado (con título “Que comience (¿continúe?) el “show” electoral en EE. UU.”) en El Espectador el 16 de agosto de 2020