viernes, julio 31, 2020

Y Abascal también aplaudió a Sánchez

La crónica parlamentaria debe tener alguna magia especial, sin duda emanada del masoquismo, porque ver sesiones congresuales como la de anteayer causa angustia. Ese tormento supongo que es lo que nutre la mítica que rodea a la figura del cronista parlamentario. Periodistas que forman parte de la liturgia de la Cámara y que asisten a todas las peroratas que nos atizan desde el estrado o desde el escaño. Tal vez me equivoco y resulta que la sede parlamentaria emite una vibración especial que sólo se percibe allí y que dota de belleza imperceptible a ladrillos tan gordos como fue la sesión de este 29 de julio de 2020. Siete horas sin anestesia.  

Una sesión que, en medio de los rebrotes del COVID-19, con varios gobiernos europeos tomando medias que complican los viajes a España y con una sucesión de aterradoras noticias económicas, podría haber tenido alguna utilidad y beneficio, pero ¿alguien va al congreso a tomar medidas de apoyo al sector turístico o a diseñar medidas para situaciones de contingencia, pudiendo aplaudir? 

Porque la sesión, convocada por el presidente Sánchez para explicar el Acuerdo europeo para la recuperación del pasado 20 de julio, en realidad sólo debía servir para lucir bien en la foto de fin de curso. Así que, incumpliendo las recomendaciones para una -nueva- propagación del COVID-19, todos los miembros de la bancada socialista acudieron a la llamada. Con mascarilla, pero bien apretaditos que la asistencia era obligatoria, y en pie, a aplaudir. Ovación al presidente y ejemplo para todos los fans del botellón. El día después de haberse anunciado el peor dato de destrucción de empleo en la historia de este país se reproducía en el Hemiciclo la misma escena vivida unos días en el consejo de ministros. Aplauso espontáneo y casual, por supuesto. 

        Foto de Abc.es

Y una vez tenida la foto o el video, tuvo lugar la habitual y consabida sucesión de discursos. Discursos que, dato arriba, detalle abajo, repitieron lo mismo que ya hemos oído en las sesiones del Estado de Alarma. Largos, porque hablar corto y claro no se estila, y aburridos, aunque con alguna frase más ingeniosa, óptima para twitter y momento telediario, y, como siempre, con algún momento de vergüenza ajena. Lo dicho, lo de siempre. O casi.

Como fuerza que juega a la contra de todo, de nuevo VOX se salió del marco y Santiago Abascal también se sumó, a su manera, al aplauso del sanchismo. Su aportación fue un cliffhanger para la temporada que viene, anunciando que en Septiembre-Octubre VOX promoverá una moción de censura. Dicho así de repente y sin haber consultado con nadie.

     Foto de 
Confilegal

Como intuyo que la aritmética básica no es ajena a VOX, saben que no hay suma humana que saque adelante esa iniciativa y, de hecho, no sería de extrañar que VOX sea el único partido que vote a favor. Ciudadanos y el PP ya han marcado distancias. Pero es que, si Sánchez y Redondo, querían la foto de la bancada oficialista aplaudiendo, Abascal y los suyos quieren la foto de su soledad, para poder decir: "somos el único y verdadero partido de la oposición”. El posible caos de la vuelta al curso y del desplome económico al fondo y VOX intentando capitalizar descontento social con la moción de censura. Y si cuela, cuela.

El inesperado gesto es un gran regalo para el presidente Sánchez. Cuando la crisis apriete más y las medidas impopulares vayan llegando a la mesa del gabinete, que lo harán, le facilitará recordarles a sus socios de gobierno y a los díscolos apoyos de la moción de censura, que la alternativa es o Sánchez o la ultraderecha, reactivando la retórica que tan efectiva es electoralmente. 

El giro de guion voxista supone un problema para Pablo Casado y, quizá, más a largo plazo enfrenta a Ciudadanos ante su drama. Dejaré lo de Ciudadanos para un futuro comentario en este blog y apuntaré brevemente lo que esto puede suponer para el PP. 

    Foto de Europapress

Si Casado apoyase la moción de censura, reactivaría el relato de radicalización y del PP como ultraderecha. Seguro que se oirían voces de descontento en el propio partido, "hemos perdido la moderación; somos antipáticos". Al mismo tiempo, si le da la espalda, le deja a Abascal un nicho electoral exclusivo. El de esos votantes que entenderán que el PP estará dando la espalda a la batalla, por ser sumiso y cómodo ante la izquierda, que estaría renunciando a representarlos. 

Y eso será bueno para VOX. Porque a diferencia de Podemos y Ciudadanos que intentaron sobrepasar a los partidos tradicionales, y fracasaron, para Abascal triunfar es diferenciarse definitivamente del PP y consolidar un espacio electoral que los populares no puedan -o les cueste mucho- reabsorber; crear un nicho electoral exclusivo.

Así, mientras unos aplaudían y otros anunciaban la moción de censura, legislar se legisló poco. Los planes para el regreso de las escuelas, las medidas para cortar los rebrotes actuales y las disposiciones para estar preparados para la posible segunda ola de la pandemia quedaron al cargo del comité de expertos. Sí, ese que no existe

MBL

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