lunes, agosto 30, 2021

Monsergas recomendadas: Kabul edition (30 de agosto de 2021)



Muchas palabras sobre Afganistán. Aquí apenas unas pocas de cosas que leer de los cientos de textos de estos días. 

Como escribía un poco más arriba, estas lecturas (y otras muchas que no he tenido tiempo de ver, porque fluyen de manera incesante en estos días, mientras Afganistán sea el centro de las noticias) dan contexto y explican la situación actual, pero para integrarlo en un marco explicativo más sólido, los libros y ensayos concretos siguen siendo fundamentales. Aquí dejo una miscelánea (traída a vuela pluma de cosas que actualmente están cerca de mi mesa de trabajo), muy diversa, que puede servir para complementar y ampliar las reflexiones coyunturales: 

  • Stephen Tanner (2002), Afghanistan. A military history From Alexander The Great To The Fall Of The Taliban, Cambridge: Da Capo Press, 351 páginas (ISBN 0-306-81233-9)
  • Bruce Hoffman (2009), A Counterterrorism Strategy for the Obama Administration, Terrorism and Political Violence, 21:3, 357-377
  • Pilar Pozo Serrano (2013), La guerra Af-Pakistán y el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, Pamplona: EUNSA, 315 páginas
  • Eduardo González Calleja (2013), Las guerras civiles. Perspectiva de análisis desde las ciencias sociales, Madrid: Libros de la Catarata, 207 páginas 
  • Ahmed Rashid (2014), Los talibán. Islam, petróleo y fundamentalismo en el Asia Central, Barcelona: Península, 384 páginas. (ISBN: 9788499423050)
  • Craig Whiteside (2016), The Islamic State and the Return of Revolutionary Warfare, Small Wars & Insurgencies, 27:5, 743-776.
  • Jacqueline L. Hazelton, The "hearts and minds" falacy. Violence. coercion, and success in counterinsurgency warfare, International Security, vol. 42, no. 1, páginas 80-113.  
  • John Dower (2018), El violento siglo americano. Guerras e intervenciones desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Barcelona: Crítica, 193 págs.
  • José Luis Pontijas Claderón (2019), ¿Está Estados Unidos abandonando Europa?, Documento de Análisis, Instituto Español de Estudios Estratégicos (ieee.es), 13 páginas.  
  • José Luis Pontijas Calderón (2020), Nueva administración ¿Nueva política exterior para EE.UU.?, Documento de Análisis, Instituto Español De Estudios Estratégicos (ieee.es), 11 páginas.  
  • Francisco Javier Quiñones de la Iglesia (2020), Targeted Killing (TK): casos Yamamoto y Soleimani, un estudio comparativo, Documento de Opinión, Instituto Español de Estudios Estratégicos (ieee.es), 14 páginas.   

viernes, agosto 27, 2021

Entrevista en La Hora de la Verdad (Colombia) sobre la retirada de Estados Unidos de Afganistán (27 de agosto de 2021)

 Aquí la entrevista que me han realizado el 27 de agosto de 2021 en La Hora de la Verdad (programa de radio de Colombia) sobre la situación de Afganistán y la retirada de Estados Unidos.  


domingo, agosto 22, 2021

Estados Unidos en Afganistán, un final inevitable (El Espectador, 22 de agosto de 2021)

Estados Unidos en Afganistán, un final inevitable (El Espectador, 22 de agosto de 2021)

Los talibán han tomado el control de Kabul. Esta frase valía en 1996 y vuelve a valer ahora. Han pasado veinticinco años y muchas cosas. Escribo delante de varias pantallas, que me lanzan imágenes de Afganistán. De hace más de treinta años. De hace más de una década. De ahora mismo. Las imágenes se mezclan entre ellas y con algunos recuerdos. 


Recuerdos de hace un cuarto de siglo

Hacia el final de la década de los noventa, los pocos que hablaban de estas cosas, que aún eran pocos, se preguntaban quiénes eran los talibán. Aún no se había publicado el libro de Ahmed Rashid, que ha sido una referencia inevitable desde el 2001, y, en ausencia de un mejor conocimiento, se decía que eran extremistas, islamistas radicales y gentes que lucharon contra los soviéticos poco tiempo antes. La palabra yihadismo empezó a hacerse importante. 




Algunos se preguntaban qué debía hacer la comunidad internacional con un régimen que no trataba a las mujeres como seres humanos plenos. Las respuestas eran condescendientes. No había que preocuparse por ese vestigio arcaico en el tiempo de la extrema modernidad. Los afganos verían en sus televisores las imágenes de la prosperidad universal del nuevo mundo y, sin más, se sumarían a la Globalización. Era inevitable. Los años noventa del siglo XX se enjaularon en La trampa del optimismo de la que habla Ramón González Ferriz en un reciente libro. Los optimistas creyeron que la comunidad internacional era y podía. Y su trampa fue pensar en la inevitabilidad; si algo iba a pasar ¿por qué preocuparse en hacerlo pasar? 

Pero el colapso talibán, aunque en teoría inevitable, no llegó. Y la comunidad internacional observó con consternación la destrucción de los Budas gigantes de Bamiyán, casi causando más protestas que las violaciones diarias de los derechos humanos, especialmente crueles con las afganas. El feminismo no era entonces lo que es hoy, aunque resulta paradójico encontrar entre algunos de actuales adalides, casi promotores de una suerte de “intervencionismo feminista” contra el regreso de los talibán, a gentes que hace años pensaban Afganistán como la molesta piedra en el zapato del capitalismo y de la homogeneización cultural globalizadora. Una anécdota. Salvo si eras afgano, claro. ¿O no?


Recuerdos del 11/S y de una guerra justa contra el yihadismo

Pues no. Los recuerdos se hacen más claros al llegar a 2001, porque muchos tenemos en la cabeza esta pregunta: ¿Dónde estabas tú cuando las Torres Gemelas se desplomaron? 



La globalización había llegado a los talibán, pero no los había desmovilizado. Habían acogido a Osama Bin Laden, el líder de Al-Qaeda. La globalización para el régimen talibán fue apoyar a una red terrorista, con el resultado de que lo que se planificaba en Kabul se creaba escombros en Nueva York. El mundo interconectado e interdependiente no empujaba a Afganistán al progreso, más bien Afganistán funcionaba como un agujero negro de la modernidad global. 

El Consejo de Seguridad de la ONU autorizó la intervención militar. Estados Unidos contaba con una coalición inacabable de aliados. El mundo entero contra los talibán y Al Qaeda. La victoria era inevitable. Aunque a algunos les vinieron a la cabeza las historias de las catástrofes imperiales británicas y de la derrota soviética en la llamada tumba de los imperios; otros soñaron que la invasión encendería una yihad global contra occidente.

No hubo yihad global. Ni hubo un gran fiasco militar de la OTAN y Estados Unidos. Los talibán y sus aliados de Al Qaeda quedaron arrinconados en los confines del país. Pero el presidente Bush olvidó el 11/S. De nuevo, por la ilusión de lo inevitable. Era cuestión de tiempo que los talibán y Al Qaeda desapareciesen y que Bin Laden fuera capturado o abatido. Era el momento americano. Era el momento de rehacer Oriente Medio. Los recursos militares y económicos fluyeron desde Afganistán hacia Irak. La unanimidad en apoyo de Estados Unidos se evaporó. Aquel nuevo frente en la guerra contra el terrorismo empezó con la derrota en la ONU. Afganistán desapareció de nuestra mirada. Y volvió a ser ese oscuro rincón donde lo que se ha creído inevitable nunca pasa. 


Recuerdos de guerras en Washington, D.C. y una foto

Recuerdo de carteles electorales. Barack Obama era el hombre del momento. Candidato que hablaba de dos guerras: una buena, la que se libraba Afganistán y que no iba bien, y otra, mala, la de Irak que, tras el envío de más tropas, parecía estabilizarse. 

Obama dejó de ser candidato y fue presidente y Joe Biden, su vicepresidente. Y en la Casa Blanca empezó a parecerles que la de Afganistán, tal vez fuese la guerra buena, pero era tan costosa e impopular como la mala. Solicitaron planes de reducción gradual de la presencia militar estadounidense y de retirada. Abandonar la contrainsurgencia y centrarse en el contraterrorismo. 

Obama quería una guerra distinta, pero se encontró con la resistencia en casa. Para hacer la guerra que Obama quería, primero debía ganar la batalla de Washington, D.C., y doblegar al Pentágono, cuyos máximos responsables creían que la estabilización de Afganistán pasaba por enviar más soldados y más dinero durante más tiempo. Las guerras de Obama, como el título del libro de Bob Woodward, eran las que tenía que librar ante un grupo de veteranos en política exterior que desconfiaba de la determinación del nuevo e inexperto presidente. Obama acabó ganando la pelea en Washington, D.C. con un arma inesperada: la revista Rolling Stone, en la que se publicó un reportaje, General a la fuga; instrumento muy útil para ir prescindiendo de todos aquellos que le hicieron parecer ante la prensa como un líder débil. Victoria a base de destituciones y renuncias. 

Y Obama pudo rehacer la política afgana y obtener lo que buscaba: una fecha de retirada. Antes, habría que enviar más tropas, que bajo mando de David Petraeus tendrían un par de años para mejorar las condiciones de seguridad del país. Al mismo tiempo que se aumentaban las operaciones con drones y con grupos de operaciones especiales. Una de esas operaciones dio muerte a Bin Laden en Pakistán. Y pareció que la política afgana de la Casa Blanca podía funcionar. A pesar del presidente Karzai y aceptando cierto equilibrio inestable con los talibán. En los meses siguientes a la muerte de Bin Laden, Robert Gates reconoció que se habían establecido conversaciones con los talibán para diseñar un proceso de reconciliación afgana. La salida estadounidense de Afganistán pasaba de ser un deseo a un proyecto, que requería a los talibán como interlocutor.  




El mundo giró. Y Obama nunca pudo concluir la retirada, aunque si pudo declarar el fin de la guerra en 2014. Trump heredó de Obama algo que no era una guerra y un proceso negociador con los talibán. Y, por extraño que parezca, siguió con el plan. De nuevo, como Obama, el establishment militar discrepaba con el Despacho Oval y planteaba que una nueva revisión de la estrategia para Afganistán. Pero Trump quería dejar Medio Oriente, así que, de nuevo, como Obama, procedió a despedir a un Consejero de Seguridad Nacional tras otro, y encargó al Secretario de Estado, Mike Pompeo, que avanzase la negociación con los talibán. No escarmentado con el fiasco de la cumbre de 2018 con Kim Jong-Un, el gran aporte de Trump fue una foto; la de Mike Pompeo en Doha iniciando conversaciones de paz con los talibán en 2020. La administración Trump había sido diligente en la ejecución del plan heredado, aunque abandonando el proceso de reconciliación nacional para convertirlo en una entrega del poder a los talibán. ¿A estas alturas le quedaba alguna la autoridad del gobierno afgano?




Recuerdos de hoy

Y el presidente Biden ha concluido con la presencia estadounidense en Afganistán. En el fondo, ejecuta el plan por el que abogó cuando fue vicepresidente ¿A qué se fue a Afganistán? Ya no importa. Desde hace tiempo para Washington, D. C. lo importante retirarse, no lograr algo. El proyecto de Estado afgano ha desaparecido. Sus instituciones, incluidas las fuerzas armadas, se han venido abajo. Los talibán se encuentran de vuelta en Kabul antes de lo previsto. De paso reciben el equipamiento que los Estados Unidos entregó al nuevo ejército afgano. No ha habido grandes derrotas, pero la aventura afgana es una gran derrota. Por cierto, Al Qaeda sigue existiendo. 

En una de las pantallas que hay frente a mi una periodista pregunta a un grupo de talibán si su próximo gobierno garantizará los derechos democráticos de todos los afganos y un trato igualitario para las mujeres. Empiezan a reírse. Tengo la sensación de que el futuro se parece mucho al pasado. Me parece inevitable. Y lo siento.  


Miguel M. Benito Lázaro

Historiador – Internacionalista

@mbenlaz


Este texto fue publicado el 22 de agosto de 2021 en el diario El Espectador: https://www.elespectador.com/mundo/mas-paises/estados-unidos-en-afganistan-un-final-inevitable/  


martes, agosto 17, 2021

La actualidad manda #1: Películas sobre la presencia de Estados Unidos en Afganistán y sobre los talibán

La actualidad manda y en agosto de 2021 las noticias se llenan de imágenes de Kabul y del caos ante el avance de los talibán y las retiradas estadounidense y de la OTAN de territorio afgano.

@Gentleman_Yo recomienda una serie de películas sobre la presencia estadounidense en Afganistán y sobre los talibán. No se trata de volverse expertos en geopolítica y analizar el colapso de Kabul, sino de aprovechar algunos films, de diversos estilos y géneros, para fomentar la curiosidad sobre estos acontecimientos por medio de miradas diferentes.

En este episodio suenan los temas Murderer In the Rain de Christoph Burghardt, Metal del álbum Singularity de Adrián Berenguer y, de este mismo compositor, una selección de temas de su álbum The Journey.                   

domingo, agosto 15, 2021

INICIATIVA BOND #10: La Espía Que Me Amó (1977)

Antes del estreno de No Time To Die, la Iniciativa Bond #IniciativaBond repasa las 26 películas de James Bond a lo largo de 26 programas diferentes y vuelve Pinkerton Podcast (@PinkertonPod) con la décima película de James Bond, La Espía Que Me Amó (Lewis Gilbert, 1977, 125 min.), pero no estamos solos, porque nos acompaña Manu de El Triskelion (@el_triskelion), compañero y buen aficionado a la mitología Bond.

Sean Connery ya no es James Bond y es el tiempo de Roger Moore. Más parodia, tramas más comiqueras, algún toque camp y, quizá, incluso kistch definen su etapa con el personaje.

En La Espía Que Me Amó 007 está obligado a colaborar con la agente soviética Triple XXX, Anya Amasova (Barbara Bach) contra el villano Stromberg (Curd Jürgens).                    

viernes, agosto 06, 2021

Telegrama Urgente: Tiempo (Sin destripes) ⭐⭐⭐⭐

@Gentleman_Yo se va de vacaciones con Gael García Bernal, Vicky Krieps, Rufus Sewell y sus familias y es el único que vuelve rejuvenecido. Algo raro pasa en este paradisíaco lugar al que nos conduce M. Night Shyamalan (2021, 108 min.).

Puedes seguir a Pinkerton Podcast en twitter y también en letterboxd, donde puedes ver las notas que les ponemos a las películas y series de las que vamos hablando en el podcast.

Letterboxd: https://letterboxd.com/PinkertonPod/films/ 

Twitter: @PinkertonPod

Old: ⭐⭐⭐⭐

Agradecimientos especiales al Sr. Voz (@Angelus_Oriol)

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lunes, agosto 02, 2021

El caso de los policías en los límites de la ciudad: Antidisturbios y Los Miserables

De Madrid a París @Gentleman_Yo se empotra en dos unidades policiales: los Antidisturbios de Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen (serie de 6 episodios de Movistar + de 2020) y los agentes de la B.A.C. que patrullan Montfermeil en Les Misérables (Ladj Ly, 2019, 102 min.).

Reseña breve -sin spoilers- sobre estos dos thrillers protagonizados por policías en las fronteras de las grandes urbes.

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https://letterboxd.com/PinkertonPod/films/

Agradecimientos especiales a @Angelus_Oriol, la voz que se escucha en la promoción de la #IniciativaBond.

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