martes, febrero 11, 2020

Cine para adictos a las elecciones (parte III)

Hemos reído. Hemos llorado. Hemos sufrido desengaños terribles al descubrir oscuros secretos, pero, sobre todo, en las partes I y II de este “Cine para adictos a elecciones” hemos recomendado con una buena selección de películas con muy diversas campañas electorales pobladas por todo tipo de asesores, consultores, escritores y candidatos. Y como a la tercera va la vencida, en esta última entrega, llega el momento de hablar de películas de ficción que se parecen mucho a la realidad, lo reconozcan o no, y de hacer alguna concesión a la pequeña pantalla. 


Basadas en hechos reales

Una película que pasó casi desapercibida, Expertos en crisis (Our Brand is crisis, David Gordon Green, 2015, 107 min.) ficcionaliza el documental del mismo nombre dirigido en 2005 por Rachel Boynton (que se puede encontrar fácilmente en internet) sobre la participación de la firma estadounidense de consultoría GSC en las elecciones bolivianas de 2002, diseñando la estrategia para el candidato Gonzalo Sánchez de Lozada “Goni”. Resulta curioso que, basándose en hechos reales, la película se deslice por casi todos los lugares comunes del subgénero de los consultores políticos. Por señalar dos diferencias respecto a otras películas mencionadas hasta ahora, hay una protagonista mujer, interpretada por Sandra Bullock, lo que, por lo menos, debería llamar la atención, y, segundo, que lejos del glamour que otras películas proyectan, esta cinta presenta a los operativos políticos como individuos con vidas personales desastrosas. Billy Bob Thorton es el antagonista, como el estratega jefe de otro candidato. Los más avezados identificarán en su personaje un trasunto del celebérrimo consultor político James Carville, aunque la película se tome una licencia en lo que fue su participación en aquellas elecciones bolivianas. 

Billy Bob Thorton vuelve a aparecer en Primary Colors (Mike Nichols, 1998, 143 min.), película en la que se sigue a Jack Stanton, gobernador demócrata de un Estado del Sur durante las primarias de su partido para elegir al candidato presidencial. Ver la caracterización de Emma Thompson y John Travolta como los Stanton es mirar a Hillary y Bill Clinton. La película se basa en el libro del periodista Joe Klein, publicado al principio de manera anónima, que prometía revelar la verdad sobre la pareja más poderosa de la política estadounidense y su ascenso al poder. En la película volvemos a toparnos con un joven, en esta ocasión afroamericano, interpretado por el actor Adrian Lester, que se incorpora a la campaña de los Stanton y guiará al espectador por el enamoramiento, la revelación, el desencanto, la fascinación del poder y la despiadada ambición. En ese viaje, Lester va acompañado por una estupenda Kathy Bates. Y, si bien la película es notable, le pesa que Lester, su protagonista, sea el menos carismático de todo el reparto.

El Candidato (The front runner, Jason Reitman, 2018, 113 min.) adapta el libro All the Truth Is Out: The Week Politics Went Tabloid (2014) sobre Gary Hart, el que era el favorito en las primarias demócratas de 1988, pero cuyas expectativas se vieron truncadas por un asunto de infidelidad aireado por la prensa. Es obvio que Reitman ve en aquel episodio un punto en el que la política norteamericana se torció y cambió el comportamiento de candidatos, los medios y los ciudadanos ante las elecciones, convertidas en concursos de popularidad y, de esta manera, abriendo la puerta a personajes como Trump. El principal problema, y al mismo tiempo valor, de la película es que muestra a un contradictorio Gary Hart (Hugh Jackman), que no es simpático, porque es demasiado testarudo, pero que siempre se mantiene digno en su convicción de que lo que debe medirse en una contienda electoral son la capacidad del político y sus propuestas, sin siquiera entrar a responder sobre cuestiones personales. A Jackman le acompañan la espléndida Vera Farmiga, J. K. Simmons, Alfred Molina, entre otros. Desde aquí creo que la película merece más atención de la que recibió en su momento.  

Y con la chilena No (Pablo Larraín, 2012, 118 min.) llego a la última película de la que hablaré aquí y a la segunda película no estadounidense de esta selección. No cuenta la campaña para el referendo de 1988 sobre la continuidad de Pinochet en el poder en Chile. La película pone su acento en campaña de comunicación, mostrando el ingenioso uso del video, la televisión y la música que hicieron los partidarios del “no”. A estas alturas a nadie se le debería escapar que muchas de las películas que he mencionado sirven de observatorio de los cambios en los medios de comunicación experimentados desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. La película, interpretada por habituales de posteriores filmes del director, como Gael García Bernal, Luis Gneco y Alfredo Castro, fue la presentación para el público internacional de Larraín, director también de otra película profundamente política como es Jackie (2016, 100 min.). 


Ficción política en serie

Las tres temporadas de la serie danesa Borgen (2010-2013) se pusieron de moda en España alrededor de 2016. Tan de moda estuvo Borgen que, algunos casos, se llegaba a hablar de una “solución a la Borgen” para resolver el atasco en la formación de gobierno de aquel momento. Pasada la efervescencia coyuntural no está de más recordar una serie que empieza con unas elecciones y crece en las dificultades para formar gobierno, llegar a acuerdos, etc. Entre el reparto, el más reconocible por sus participaciones en Game of Thrones y Ghost in the Shell (Rupert Sanders, 2017, 107 min.) es Pilou Asbæk.   

La versión inglesa de House of Cards prescinde de las elecciones, porque entiende que lo primordial de su propuesta era regocijarnos con su villano protagonista, un tipo a lo Ricardo III. Lo divertido es verle maniobrar despiadadamente allí donde nadie le ve; lamentablemente la versión estadounidense pronto perdió de vista esta idea y, al alargarse, no pudo evitar pasar por episodios dedicados a elecciones, aunque lo cierto es que ya para el momento en el que el tándem Underwood/Underwood (Spacey/Wright) se enfrentaba a Conway/Brockhart (Joel Kinnaman/Colm Feore) la serie había perdido mucho fuelle. El espectador encontraba cómodas dosis de cinismo y maldad provista por sus villanos favoritos, independientemente de cualquier expectativa de verosimilitud y, cualquier otra cosa era accesoria.  

Por el contrario, la creación de Aaron Sorkin El Ala Oeste de la Casa Blanca (The West Wing, 1999-2006) juega a la esperanza y el idealismo. Los personajes, en su extrema brillantez, son tan inverosímiles como los que pululan por House of Cards, pero se sienten de verdad y ahí radica el extraordinario mérito de Sorkin. Dentro del conjunto de la serie hay dos temporadas que se concentran en las elecciones. La cuarta, centrada en la campaña para la reelección del presidente Bartlet (Martin Sheen), y la séptima y última temporada, en la que asistimos a la competencia entre el demócrata de origen hispano Matt Santos (Jimmy Smits) y el republicano Arnold Vinick (Alan Alda) por llegar al Despacho Oval. La serie, a través del personaje de Matt Santos, anticipó mucho de lo que después vimos en Barack Obama en su camino a la presidencia de los Estados Unidos. La ficción a veces se anticipa y/o prefigura la realidad y nos prepara a lo que está por venir.

Y ahora sí, termino aquí estas sugerencias para los adictos a las elecciones, que espero que encuentren aquí unas cuantas horas de entretenimiento con el que superar esa sensación de vacío que pueden tener esos que no pueden vivir sin una campaña electoral a la vista. 

(Enlace a este mismo texto tal cual fue publicado en la web de Cronocine, aquí)

lunes, febrero 03, 2020

Cine para adictos a las elecciones (parte II)

Tras haber dado un repaso a comedias, tanto a algunas bienintencionadas y románticas como a otras ácidas y satíricas (y se quedaron fuera algunas tan buenas como Elecciones de Alexander Payne -Election, 1999, 103 min.-), que mostraban con más o menos atención elecciones en esta ocasión, nos vamos por el lado serio, con thrillers y dramas que, si están marcados por algo es por una visión de la política llena de desencanto y cinismo. Vamos con la segunda tanda. 


Thrillers

La política como territorio de la mentira y/o de la conspiración lleva directo al thriller. Un personaje -un recién llegado, un idealista- se encuentra con que algo huele a podrido en Dinamarca y, más o menos, ya os podéis imaginar qué pasa. Este tipo de películas, además de, por lo agradecido del género, funcionan porque apelan a la desconfianza en la clase política, en los poderosos, y cuentan con que el espectador tiene la actitud favorable para aceptar alguna que otra teoría conspirativa, por inverosímil que parezca. 

Y si hay un thriller político con impacto en la cultura popular es El mensajero del miedo (The manchurian candidate) de John Frankenheimer de 1962. Película propia de la Guerra Fría, en que la paranoia y el lavado de cerebro (término hoy en desuso) alimentan una apasionante trama de política ficción en la que Frank Sinatra, Laurence Harvey, Janet Leigh y Angela Lansbury están espléndidos. La película tuvo un buen remake en dirigido por Jonathan Demme en 2004 con Denzel Washington, Liev Schreiber y Meryl Streep. Simplemente recomendar ambas versiones y no decir nada más evitar spoilers para los que no hayan visto -¿en serio?- estas dos disfrutables películas.   

A diferencia de las anteriores la película Poder (Power, Sidney Lumet, 1986, 111 min.) rara vez es recordada. A la película le pesan los ochenterismos, personificados en Richard Gere, que de algún modo extiende algunos aspectos de su personaje de American Gigolo (Paul Schrader, 1980) a su personaje de consultor político que, como el gigolo, ofrece a sus clientes lo que quieren sin mayor compromiso o implicación. El mundo de los consultores políticos sin principios y de la política espectáculo son el objeto de la denuncia de Lumet, pero falta contundencia y sobran buenas intenciones. El casting que rodea a Gere, con Gene Hackman, Julie Christie, Denzel Washington, entre otros, no consigue hacer atractiva la trama de traiciones, corruptelas y algunos peligros. La película podría haber hecho un buen díptico sobre la sociedad espectáculo con Network, un mundo implacable (Sidney Lumet, 1976, 121 min.). Lástima.   

En Los idus de Marzo (The Ides of March, George Clooney, 2011, 101 min.) de nuevo seguimos a un consultor político, Ryan Gosling, en el desempeño de sus funciones al servicio de George Clooney. El elemento de suspense es relativamente liviano, no se trata tanto de un gran escándalo como de un incidente a través del cual el idealista Gosling tomará conciencia de la fuerza corruptora de la aspiración de poder y, por extensión, de su propia naturaleza. Película bastante lograda, por la que desfilan Paul Giamatti, Philip Seymour Hoffman, Evan Rachel Wood, Marisa Tomei y más, a la que sele su origen teatral, para incidir en la muerte del idealismo en la política de alto nivel. 

Mención aparte merece Candidata al poder (The contender, Rod Lurie, 2000, 129 min.). Es cierto que aquí no hay elecciones, pero sí el proceso de confirmación ante el Senado de un Vicepresidente, de hecho de una, al haber quedado el puesto vacante. Una mujer como candidata, interpretada por Joan Allen, cuestiones sobre el comportamiento sexual, los techos de cristal y una trama secundaria, que opera como macguffin, y que suena mucho a Chappaquiddick, producen una  extraña, pero atractiva, combinación de idealismo capriano y cinismo posWatergate. Jeff Bridges hace un divertido retrato de un presidente muy consciente de su poder y Gary Oldman es, como siempre, un estupendísimo villano. De nuevo, como prácticamente en todas las películas que estamos mencionando, un repaso a la ficha de Imdb de The Contender asombra por el impresionante reparto en el vemos a Sam Elliott, Christian Slater, William Petersen y más. Parece que la política tiene su tirón entre el gremio actoral. 


Política como sufrimiento: Drama time

Si en las películas anteriores los protagonistas eran los consultores preocupados en cómo ganar, en El candidato (The candidate, Michael Ritchie, 1972, 110 min.) el foco se pone sobre Robert Redford, candidato al Senado de los Estados Unidos, guapo como Redford era , honesto, carismático y sin opciones de ganar. El drama surge cuando ante la posibilidad real de ganar, el candidato deberá batirse entre ser él mismo y mantenerse en sus principios o aceptar ciertos compromisos para, efectivamente, dejar de ser un outsider y convertirse en un ganador. 

Si de todas las películas que he mencionado aquí solo puede escoger una, que sea El Político (All the King’s Men, Robert Rossen, 1949, 110 min.); película incómoda y brillante, que si tiene parentela con alguna otra es con Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles, 1941, 119 min.). ¿Fue siempre así el personaje de Broderick Crawford -ese político del título- o el poder le cambió? Un pequeño tratado sobre demagogia, populismo y corrupción. Del remake de 2006 dirigido por Steven Zaillian interpretado por Sean Penn sólo decir que no le hace justicia al original. 

La primera película fuera de los Estados Unidos que menciono es la española El disputado voto del Señor Cayo (Antonio Giménez-Rico, 1986, 94 min.). Adaptación de una novela de Miguel Delibes que sirve de un retrato de una época, la de la Transición española, ante sus primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco. El ojo atento puede encontrar a actores jovencísimos como Lydia Bosch e Iñaki Miramón compartiendo cartel con Paco Rabal y Juan Luis Galiardo. En la dirección de Giménez-Rico se nota la admiración, inevitable, por John Ford, tan propia de una generación de cineastas, de los que el más destacado ha sido José Luis Garci, que hicieron la crónica cinematográfica de aquellos años. 

Y así, tras haber recomendado algunas películas llenas de villanías, cinismo y miserias de la aspiración de poder, debemos alejarnos otra vez del territorio de las campañas electorales en la gran pantalla. Pero, volveré, con una tercera y última parte, en la que me detendré en películas que son como la vida misma y la concesión a la pequeña pantalla con algunas series de televisión. 

(Enlace a este mismo texto en la web de Cronocine aquí)