miércoles, noviembre 20, 2019

The Irishman, un regalo de Scorsese

El día 17 de noviembre de 2019 Martin Scorsese cumplió 77 años. El día 17 de noviembre de 2019 vi The Irishman (El irlandés, Martin Scorsese, 2019, 209 minutos) en una sala de cine. El día 17 de noviembre de 2019, contra lo que se suele acostumbrar en los cumpleaños, fue Martin Scorsese el que me hizo un regalo a mi, porque, a falta de la perspectiva que solo el tiempo puede dar, creo que su más reciente película es una obra maestra. 

Eso sí, una obra maestra a la que sus críticos, que los tiene y tendrá, le achacan y achacarán tres cosas, que, aunque a mi me parezcan irrelevantes tras haber visto la película, pueden servir de advertencia a aquellos que aún dudan sobre si ver The Irishman y para aquellos que quieran rebajar sus propias expectativas antes de ver la película. 

El primer reparo para enfrentarse a El Irlandés es la duración. Doscientos nueve -sí, 209- minutos son muchos y la experiencia puede resultar dura para aquel que no logre permanecer enganchado a lo que pasa en pantalla. El segundo pero puede golpear a aquellos que quieran ver en ésta otra película de Scorsese, De Niro y Pesci sobre la mafia, un nuevo regreso al territorio caminado en Casino (1995) y de Uno de los Nuestros (1990). Y El Irlandés sólo es como aquellas en su primera parte, o sea en aproximadamente un tercio de su metraje. Hay otras dos partes en las que el ritmo y estilo de la película tienen mucho más que ver con Silencio (2016) que con cualquier otra en la obra del director. Y ya se sabe que Silencio es una película que no goza de un apoyo unánime entre los espectadores ni, incluso, entre los propios fans de Scorsese. Se podría decir que la primera parte de El irlandés empieza a ritmo de Uno de los Nuestros, pero termina al paso de Silencio. La tercera crítica posible es, creo, muy menor y accesoria, aunque tal vez puede impedir concentrarse en lo central. Ese tercer pero es el rejuvenecimiento digital de algunos actores, especialmente de los dos que pasan más tiempo en pantalla De Niro y Pesci. Es cierto que se nota y en un primer momento se siente raro, pero tras dos minutos cualquier espectador debería poder procesar la extrañeza del efecto digital, asumirla y superarla.    

Dicho eso, a mi El Irlandés me parece un monumento y una muestra de vitalidad y vigencia de todos los que han hecho la película. Tanto que uno piensa cómo es posible que Joe Pesci lleve años retirado de la actuación. 

En el caso de Scorsese es una película que demuestra que sigue cambiando, aprendiendo y siendo siempre él. En esta ocasión afronta una película que es un diálogo constante con toda su filmografía, un prodigio de estructura que aprovecha todas las posibilidades que el guionista Steve Zaillian ofrece a Scorsese y su equipo, y que combina tiempos y ritmos a lo largo de una historia contada en tres momentos distintos (los comienzos del irlandés del titulo, Frank Sheeran -Robert De Niro- en la mafia, trabajando para Russ Bufalino -Joe Pesci -, su posterior relación con Jimmy Hoffa, interpretado por Al Pacino, y, por último, su vejez) y en cada momento el drama cambia, evoluciona y con la historia cambia el estilo de Scorsese. Tres películas en una. 

Entrando en la película, la primera parte es la que conecta directamente con las ya mencionadas Uno de los Nuestros y Casino. Scorsese da lo que la mayoría del público espera y abre su obra de un modo reconocible. Aunque con algunas diferencias, como el tratamiento de la violencia en el El Irlandés es más seco y conciso que en sus predecesoras, con un contención especial que irá apoderándose poco a poco de la película. En todo caso, la ambientación, la música, la cámara y el montaje se sienten como parte de un mismo continuum cinematográfico o, como se dice hoy, del universo compartido de la mafia de Scorsese. Eso sí, todo es nuevo con Scorsese, incluso cuando hace algo que parece que ya ha hecho y, para esta ocasión expande su fondo histórico al nivel nacional, de un modo que conecta con otras películas como JFK (Oliver Stone, 1991) y, sobre todo, con las dos primeras partes de El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972 y 1974).  

Con el espectador confiado en que sabe cómo evolucionará todo, anticipando en conflicto inevitable entre los protagonistas, Scorsese cambia el paso y, en lugar de acelerar, frena. El montaje y la cámara se ralentizan para concentrare en diálogos, caras y miradas (entre los miembros del trio protagonista y que les dirige una de las hijas de Frank Sheeran, la interpretada en su infancia por Lucia Gallina y por Anna Paquin como adulta). Las conversaciones son el centro y esta parte es una sucesión de charlas, cada vez más tensas e intensas, salpicadas de toques de humor. Y los actores, todos, logran transmitir que el conflicto externo tiene un precio interno en cada uno de los personajes. La violencia, aún presente, va perdiendo peso. Y las canciones casi se evaporan. La película se muestra en su forma más clásica, entroncando con las tradiciones de Raoul Walsh, Anthonny Mann, Howard Hawks y John Ford. 

Y el conflicto se resuelve, pero la película no acaba. Sigue. Un último giro. Aquí la película es algo más que un epilogo, es la representación del tránsito hacia el horizonte y al crepúsculo (una imagen tan de western). La película se tiñe de un tono elegíaco conmovedor, porque esos tipos duros y temibles se van quedando solos ante sus actos y ante las consecuencias de sus vidas. La cámara da un paso atrás y, así, se hace patente una soledad devastadora que rodea a Robert De Niro, equiparable a la de Michael Corleone en el final de El Padrino. Parte 2, mientras recordaba a los fantasmas de su pasado y todo lo que se había dejado en su camino perdido. 

Y entonces sí, la película se cierra. Y lo hace señalando que De Niro, Scorsese, Pesci y Pacino seguirán cabalgando siempre que quieran hacerlo. 

Y yo me quedo con la sensación de haber asistido a algo inmenso. Muchas gracias por su regalo, señor Scorsese. Y feliz cumpleaños. Siempre. 

Este texto fue publicado con algunas modificaciones en The Medizine el 20 de noviembre de 2019: https://themedizine.com/the-irishman-scorsese/


viernes, noviembre 08, 2019

T1E10: En la locura de Joaquin Phoenix... Joker

Entran cuatro podcasters en un bar y charlan sobre el Joker, la película protagonizada por Joaquin Phoenix. No es un chiste.

Los agentes Leo Galleguillos @simplectomorfo y Miguel M. Benito @Gentleman_Yo de Pinkerton Podcast @pinkertonpodcast se reúnen con Fernando El Catódico @Fercatodic (Café con Podcast y La Casa de El) y Juan Pablo Alemán, "el patrón de lo audiovisual", @araphant para hablar de la película de Todd Phillips, Joker (2019, 122 min.).

A lo largo de la charla se intercalan los audios de:

[13:33 - 22:25] Ana Paula Cuervo (@anapaulacuervo), reina de la chancla, nos habla de los : "Los actores que han sido el Joker"

[22:26 - 30:53] Manu Gea (@Angelus_Oriol), el Señor Voz, nos habla de "Las voces del Joker" (sobre los actores que han doblado a las distintas encarnaciones del Joker al castellano)

[50:04 - 1:08:13] Fatima Ventura (@faty_ventura), nuestra médico residente, realiza la "Evaluación psiquiátrica del paciente Arthur Fleck"

[1:32:19 - 1:42:57] Antonio Moreno (@Towaroff), director de la sucursal de Pinkerton en Erebor, rastrea "La parentela del Joker, sobre todo, en Taxi Driver"

[2:06:32 - 2:10:20] Lucía VSS (@Lucia_VSS) desde un yate que surca el Ebro, analiza en el trabajo de para preparar el papel de Arthur Fleck: "Joaquin Phoenix es Joker"

En este episodio suenan los temas los temas Murderer In the Rain y Colossus is coming del album Unshot Movies de Christoph Burghardt.

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1989 – 2019: El futuro no es lo que nos dijeron

La mítica película Blade Runner (Ridley Scott, 1982) estaba ambientada en Los Ángeles en Noviembre de 2019. Así lo decía un rótulo en el comienzo de esa obra de ciencia ficción futurista que acontecía en una Los Ángeles difícil de reconocer, lluviosa, degradada, sobrepoblada y transitada por una variopinta mezcla de gentes de etnias, culturas y formas de vida distintas. Aquella película combinaba con maestría un deslumbrante aspecto e imaginería visual ciberpunk, mil veces copiada desde entonces, con algunas preguntas trascendentes y atemporales bajo la forma de un relato policiaco.

 

Aquella película, basada en el relato ¿Sueñan las androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, se aventuraba a imaginar el mundo entonces futuro y que es nuestro actual presente. Ya saben, noviembre de 2019. Y fallaba en muchas de las apuestas que hacía. Hoy no hay coches voladores. No estamos colonizando otros planetas. Ni hay androides que se encargan de los trabajos más duros. Quizá en el ámbito en el que la película fallaba más era en la visualización de una tecnología degradada y muy distinta a cómo luce que cualquier computador o teléfono celular de nuestros días.

 

Pero en algunas cosas los autores de aquel film apuntaron hacia cosas que sí pueden sonar más a cualquier lector de estas líneas: la formación de macrociudades, la aparición de grandes megacorporaciones con más presencia que los gobiernos en muchos ámbitos de la vida cotidiana, una clara escasez de recursos naturales y un clima cambiante o cambiado, y, sobre todo, en el 2019 de Blade Runner, como en nuestro 2019, la Guerra Fría no estaba presente.

 

Y sostener en 1982 que la pugna global entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, con sus respectivos aliados, iba a desaparecer era osado. Porque en 1982 Ronald Reagan estaba en su segundo año de su presidencia y estaba apostando por enfrentar a los soviéticos en cualquier lugar en el que pudiese hacerlo (como bien saben en Centroamérica). Lejos de verse el final de la Guerra Fría se hablaba de un recrudecimiento de la misma. Pero en 1989 lo que políticos, politólogos y servicios de inteligencia no concebían o, en el mejor de los casos sólo contemplaban como una idea aún lejana, ocurrió. En apenas dos años, entre 1989 y 1991, el mundo asistió a la Caída del Muro de Berlín y al colapso de todo el sistema comunista y del propio estado soviético. El mundo que se construyó desde 1947 se había evaporado.

 

Incertidumbre: 1989-2019

Y con el colapso del bloque del Este llegó un nuevo tiempo. Un tiempo que parecía inevitablemente abocado a la democracia liberal capitalista; y como suele pasar con aquello que se cree inevitable, lo que ha venido no se ha parecido a lo que estaba previsto. Lo que ha surgido ha sido un mundo contradictorio. Un mundo en el que hay grandes desigualdades, brechas de todo tipo (económicas, tecnológicas, etc.). Un tiempo en que coexisten realidades nuevas, como la Globalización, y algunas anteriores a la modernidad y a los propios Estados (realidades medievales, como la coexistencia de soberanías compartidas).

 

Porque en 1991 se esperaba que el futuro sólo podía ser extraordinario, sobre todo por comparación. El siglo XX había sido terrible. Había sido el siglo de las dos Guerras Mundiales, el Holocausto, de los totalitarismos y de la posibilidad de una destrucción real del mundo por las armas nucleares. El futuro no podía ser peor que eso. Para garantizar el advenimiento de ese tiempo sólo había que esquivar algunos de los errores del pasado. El comercio debía sustituir a la política y los Estados debían diluirse para para facilitar el intercambio entre actores del sector privado. El Estado-Nación fue la gran víctima de esta transición. En el marco de la globalización, el Estado se explicaba como una fuente de problemas. Al fin y al cabo, los propios Estados habían sido los responsables de las violaciones a los derechos humanos, desplazamiento interno, genocidio, etc. El nazismo y el estalinismo sólo habían podido existir y hacer lo que hicieron porque fagocitaron estructuras estatales completas. Así que sin Estados, no había peligro de repetición de fenómenos similares.

 

La preocupación de los tiempos fue, por tanto, aligerar a los Estados, no hacerlos más capaces. Y sin la Guerra Fría los viejos problemas que nunca habían estado en el interés de Washington, D.C. ni en Moscú reaparecieron. Cuestiones religiosas, tensiones étnicas y raciales saltaron a las noticias con virulencia y crueldad extrema, todo ello en las pantallas de los cada vez más sofisticados sistemas de comunicación. Desde los Balcanes a Ruanda. Y esos problemas eran, en muchos casos, previos a la existencia de los Estados y, la manifestarse, revertían hacia una extraña mezcla de conflictividad de baja intensidad, larga duración y difícil resolución. ¿Quién debía garantizar la correcta transición al futuro? Si no eran los Estados, debían ser las instituciones multilaterales. ¿Pero acaso esas instituciones no son más que sumas de Estados? ¿Y si los Estados eran más débiles por qué se podía suponer que iban a poder dar solución a viejos problemas?

 

 La certeza de que durante el siglo XX los conflictos internos causaron más muertos que los internacionales y que las grandes guerras ya no eran viables, se empezaron a popularizar términos como “Estados fallidos” o “Estados fracasados”, e incluso se empezará a hablar de espacios vacíos de poder, en los que corrupción y redes de criminalidad encontraron donde hacerse fuertes y arraigar. Organizaciones terroristas, señores de la guerra, narcotraficantes, contrabandistas y todos ellos a la vez han cooptado algunas regiones del mundo. Estructuras que evolucionarían y desarrollarían una agenda global propia. Les suenan Al Qaeda y el yihadismo global ¿verdad? Organizaciones surgidas en territorios en los que nunca hubo Estado, como Afganistán, y en los que los conflictos simplemente eran, en el contexto de la Guerra Fría, insignificantes.

 

¿Un mundo feliz? 1947-1991

Dicho lo anterior, los agoreros dirán que el mundo vivido entre 1947-1989/91 era mejor. No lo era. Era más estable, porque era menos libre y, porque estaba sometido a la tutela de las dos grandes superpotencias. Muchos de los problemas de hoy, ya estaban ahí, simplemente no preocupaban a nadie. Hoy la participación de minorías interesa. La diversidad es un asunto clave. La política ha vuelto, aunque parece que el miedo es lo que domina la política, porque la política ha vuelto, pero lo ha hecho de manos de demagogos y populistas de todos los pelajes e ideologías.

 

El fin de la tensión Este-Oeste que había marcado el período 1947-1991 construyó un orden en el que la estabilidad era impuesta. La Globalización puede ser caótica, pero lo es del mismo modo en el que la vida en una  democracia es más confusa que la vida bajo una dictadura. Y la Guerra Fría no fue una buena época para los derechos humanos. Y la amenaza nuclear, si bien evitó la guerra directa entre los Estados Unidos y la URSS, era una amenaza de destrucción mutua asegurada.

 

La nostalgia es una trampa. Y todo tiempo pasado no fue mejor. Estos son tiempos interesantes. El riesgo es volver a cometer los errores con los que populistas y demagogos hicieron el terrible siglo XX. Terrible siglo XX en el que se incluye los aproximadamente cuarenta años de la Guerra Fría.

 

¿Qué es lo que viene? Nadie lo sabe. Ni los intelectuales, ni los políticos, ni los artistas, porque el futuro nunca es lo que esperamos.

 

Miguel M. Benito

Internacionalista - Historiador

@mbenlaz

 

Publicado en el periódico el Espectador el 8 de noviembre de 2019

https://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/1989-2019-el-futuro-no-es-lo-que-nos-dijeron-articulo-890158

 

martes, noviembre 05, 2019

Telegrama Urgente: La Trinchera Infinita (Sin destripes)

¿Va tanto al cine como parece el adjunto a la dirección de @pinkertonpod, Leo Galleguillos aka @simplectomorfo? La respuesta en estas primeras impresiones en caliente y sin spoilers de la película La Trinchera Infinita (Aitor Arregui, Jon Garaño y José Mari Goenaga, 2019, 147 min.).

Agradecimientos especiales al Sr. Voz (@Angelus_Oriol)

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lunes, noviembre 04, 2019

#IniciativaVengadores: Endgame, después de "El Lapso"

Los agentes de Pinkerton Podcast fueron víctimas del Chasquido de Thanos, pero vuelven después de El Lapso, con Leo Galleguillos @simplectomorfo, liderando un equipo de podcasters extraordinarios con Nieves Linares @nievesli198 VanHohen @Hohendelshope Fernando el Catódico @Fercatodic y Juan Ángel @descargasmente. También participan @mai_rollan y @reginamatari.

[La dirección de Pinkerton, o sea @Gentleman_Yo, se disculpa con los amigos, colaboradores y oyentes, si es que queda alguno, por el retraso en publicar este programa; diría que no volverá a pasar, pero quién sabe].

Agradecimientos especiales para @Angelus_Oriol @Elmaligno @jaibrot @Hohendelshope y @DaniMaverick por todas las imágenes y promos que han acompañado #IniciativaVengadores.

#RoadToEndgame llega a su final. Para escuchar todos los contenidos de #IniciativaVengadores #20PodcastsToEndgame de los podcasts @logrosytrofeosp, @radiodebabel, @BibliocraciaP @cinemascopa @ClaveSoundtrack @pinkertonpod @claketayaccion @tardismetropoli @YoDispare @ForjaDeMidgard @CarlosTrent82 @HelloFriki @BobPlaneta @descargasmente @el_triskelion @Chifladoscine @Cafeconpodcast @TeatroFin @reservademana y @Crono_Cine.

En el episodio suenan temas de Christoph Burghardt.

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viernes, noviembre 01, 2019

Telegrama Urgente: Terminator: Destino Oscuro (Sin destripes)

Leo Galleguillos @simplectomorfo informa desde un rincón peligroso de la ciudad: un cine.
Primeras impresiones en caliente y sin spoilers de la película Terminator: Destino oscuro (Tim Miller, 2019, 128 min.),
Nuevo formato en este regreso de @pinkertonpod (perdón, si es que queda alguien ahí fuera).

Agradecimientos especiales al Sr. Voz (@Angelus_Oriol)

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