Hoy un post veraniego. Sin actualidad -bueno eso no es raro en mi-, ni densidad. Vaya de antemano, luzca cada cual como más se le acomode, nada de malo hay en ello, dicho lo cual, déjenme hacer notar un fenómeno llamativo que vincula estética y política.
En nuestros días no extraña el uso de "uniformes voluntarios", por llamarlos de alguna manera, entre grupos más o menos amplios de individuos (sobre
moda y
gregarismo dos perlas de Pérez-Reverte); me refiero a todas esas vestimentas que cualquier avispado observador podrá asociar casi intuitivamente con una serie de "postulados éticos y estéticos" muy definidos y que implican la adhesión inquebrantable a unos determinados planteamientos sociopolíticos.
En muchos casos la apariencia, en un fenómeno asombroso, impone a los individuos las opiniones que deben sostener -lo cual permite prescindir del engorroso detalle de pensarlas primero ¿no?- convirtiéndolos en
clichés.
Bien visto, la cosa es comodísima, ya no hay que preocuparse por "ser" y basta "parecer". El "estilo" permite el reconocimiento inmediato de los de la misma cuerda. No es necesario hablar para localizar a los afines, porque queda implícito: "Si me visto de aquesta guisa es porque me identifico con unas determinadas premisas ¿no?". Desde esta perspectiva, la ropa incorpora el valor añadido de una serie de poses ideológico-intelectuales (la pose queda más convincente cuando uno lleva bajo el brazo un libro de
Noam Chomsky,
Le Monde Diplomatique o
El País; ya quedó apuntado aquí hace tiempo que
PRISA es el gran facedor de criterios de España).
Dicho lo cual, queda claro que la pose de izquierdas, también llamada
comprometida o
de progreso, está de moda (quizá
siempre ha estado de moda). El
universo progre exhibe orgulloso sus galas ¿Por qué? Es lógico:
1°- Lo políticamente correcto es el batiburrillo de los tópicos favoritos del progresismo (ese maravilloso revoltijo en que cabe casi cualquier cosa; muy conveniente para no pillarse los dedos) y lo políticamente correcto
rules; ecologismo a la
Gore,
buenrollismo antropológico, antibelicismo
made in "No sin la ONU", multiculturalismo del tipo "arriba el
kebab, abajo
McDonalds" y toda causa etiquetada como "social", forman el guardarropa intelectual favorito de nuestros días. Los "valores" más
chic obligan a un aspecto acorde -no se puede ser defensor de los derechos de los animales tipo
P.E.T.A. y lucir engominado y encorbatado como corredor de bolsa, no resulta convincente para las mentes al uso-.
2°- Además, el aspecto
progre es necesario, casi obligatorio, para no ser repudiado en algunos sectores de la sociedad y para trabajar en toda actividad que se considere "creativa". Pensad sino en "los representantes del mundo de la cultura". Todos tan iguales, tan gremiales, que casi podemos hablar de pura impostura. Además, ellos, omnipresentes en medios de comunicación, son el vehículo de reproducción ideal de modas, tanto estéticas como políticas.
3°- Véase lo dicho antes sobre el
Grupo PRISA.
No hay mejor ejemplo de lo que quiero decir que el de todos aquéllos que tienden a identificarse como
alternativos, sean
gafapastas, sean okupas, etc. a los ojos inexpertos sujetos absolutamente indistinguibles de aspecto uniforme. Claro, a nadie extrañe, de eso se trata, de llevar el uniforme de
alternativos. La inevitable paradoja de gentes que se jactan de denunciar el gregarismo y aborregamiento de la sociedad de masas y del consumismo, siendo ellos mismos clónicos, resulta evidente para todos menos para ellos,
of course. Habría que ser muy ingenuo para esperar algo de reflexión sobre este particular, cuando predomina el rollo enteradillo autocomplaciente "soy más guay que los demás porque he desentrañado las realidades del sistema que nos deshumaniza y mi forma de vestir es una acto de protesta, de resistencia".
Para cambiar esa tendencia, y cual televendedor, te animo amigo derechista a que te uniformes tú también y pases por la
tienda de
Alianza entre Mamones y adquirir toda la amplia gama de camisetas, pins y objetos que te identificarán como un crispador profesional, derechista faccioso, neocon devora niños, gótico cavernícola y/o neoliberal explotador, que conspira en secreto siempre y para todo -desde comprar el pan hasta la dominación mundial forman parte de tus perversas maquinaciones-. No te cortes y exhibe tu cuerpo serrano por el mundo. También encontrarás más modelos a tu gusto en
Those Shirts.
A muchos de izquierdas vestirse así les ha ahorrado la engorrosa tarea de pensar, inténtalo tú también. Si no piensas tendrás mucho más tiempo para desarrollar tu vida social y ser feliz.
Y recuerda, es por una buena causa: verte guapo, "molón" y estiloso -y que la gente de tu facultad o vecindario pueda identificarte mejor y señalarte con el dedo, susurrando a tu paso: "es más malo que la quina"-; bueno, quizá estoy siendo optimista con lo de susurrando, porque más bien te gritarán, al más puro estilo
abertzale, "hijoputa, fascista... que eso es lo que eres, un fascista", que ya sabemos cuan civilizados son los
buenrollistas cuando se ponen.
Ah, por cierto, si sigues estos consejos y tu aspecto acaba mostrando que te mueves en el reverso tenebroso de la Fuerza es posible que parte de tus amistades reaccionen
así; es la pauta.